Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al Ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.
domingo, 24 de enero de 2010
Gran artículo de Arturo Pérez Reverte
Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al Ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.
sábado, 23 de enero de 2010
Afganistán, una cárcel
En Afganistán* la mujer es una amenaza. ¿Puede que en su origen genere miedo? ¿y ante ese miedo desconocido (en lugar de sacarle todo el potencial que podrían tener y desarrollar) la opción elegida por la mayoría de los afganos es la de repudiar a la mujer, despreciarla, limitarla, apartarla? Es un callejón muy complicado y sin salida. Para una mujer nacida en el seno de esa sociedad, un camino... altamente destructivo, por nacer mujer, sin elegirlo. Pudiera haber nacido hombre. Pero no. Y eso, el hombre a favor de este tipo de comportamiento, no se lo plantea. Él manda, y tiene todo el derecho. Se cree por encima de ella y de muchas otras cosas.

Una sociedad no puede funcionar sin sus motores que son los humanos, y si los humanos somos mujeres y hombres, los dos son igual de trascendentales para el desarrollo de la sociedad. Un equilibrio, cada uno aportará sus cosas, diferentes, pero enriquecedoras, constructivas, y necesarias. No puedes destruir a una mitad, la mujer, y pretender que todo siga adelante sin ella(s). Es imposible. Tu hijo, o tú, ya estará creciendo con una gran laguna.
Algunos datos: Un burka pesa unos 7kg sobre la cabeza. Limita la visión periférica con lo que sólo hay visión a 1metro vista. Su longitud impide un paso firme y seguro, garantizando tropiezos y la dependencia de un segundo (que no lleve burka, es decir, un hombre) para poder caminar. En Afganistán no tienen derecho a asistencia médica o a salir de casa sin el acompañamiento de un hombre.
La mujer, básicamente, no existe.
¿Cómo desmantelar todo este sistema de creencias? ¿Cómo conseguir que toda una generación nueva de niños sienta el calor familiar y el amor de madre y de padre, para generar nuevas posibilidades en los que van creciendo, si la generación existente es así?
Creo que un ser humano, en su esencia, sea su sexo femenino o masculino, es una persona con un gran potencial, capaz de mover mar y tierra por algo que ame, de conciliar familia y negocio, de aprender, de crecer, de educar, de autogestionarse, de salirse de las situaciones difíciles, de amar... y expandir ese amor contagiándolo a los demás. Puede elegir mirar con los ojos abiertos, no conocer (o no elegir) el camino del ego y despotismo, en pro a una actitud abierta que confía en su esencia y aprende de los demás, sin arrebatar.
Ojalá cada vez se arrebaten menos almas, menso esencias, y más personas descubran su potencial para sacarle provecho en un mundo mejor. Y que las que hayamos tenido la suerte de nacer en sociedades en que la mujer es libre y puede votar y elegir, que con nuestra actitud, ejemplo y lucha, podamos poner nuestro granito de arena.
Gandhi decía “Sé tu el cambio que quieras ver en el mundo”.
:)
*No en todas las regiones la situación es similar. Varía mucho en función del desarrollo de la aldea, la economía y política de la región, y la ley que predomine en cada área. En algunas áreas el burka no es obligatorio, pero la situación sigue siendo delicada
martes, 12 de enero de 2010
Un cuento

"Dedicado a todas las mujeres valientes que quieren cambiar su vida" y sufren de maltrato psicológico, físico, o ambos, "y a todas aquellas que ya la perdieron y nos iluminan desde el cielo."
Para decir BASTA a todo lo que no quieres. Para reconocerte o reconocer.
Merece la pena leerlo, no son ni 10 minutos, y te da una visión de la realidad no de cuento, con humor, y usando ilustraciones expresivas que hablan por sí solas. ¿Como tu?
:)
Aquí la entrevista a sus autoras: http://www.lavanguardia.es/premium/publica/publica?COMPID=53867106097&ID_PAGINA=200806163&ID_FORMATO=9&PAGINACIO=1&SUBORDRE=3&TEXT=
Por una buena mirada
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Més sobre emigració
Kalilu Jammeh, emigrante gambiano dedicado a combatir la emigración
VÍCTOR-M. AMELA - 18/11/2009
P ¿Qué hacía usted en Gambia?
R Era recepcionista en un hotel de Kiloli, ciudad costera con mucho movimiento.
P ¿Y por qué emigró?
R Porque quería prosperar, mejorar, quería una vida mejor.
P ¿Dónde pensaba encontrarla?
R En Europa. Lo primero era llegar a España.
P ¿Emigra mucha gente en su país?
R Desde niño he tenido amigos sin padre: hombres que habían emigrado..., y nada se había vuelto a saber de ellos.
P ¿Nada?
R Nada. Daba igual: mi sueño era desembarcar en el paraíso. Europa era el paraíso soñado: para los africanos, Europa es Eldorado.
P ¿Qué les hace creer tal cosa?
R La televisión y los turistas. La televisión vía satélite nos trae series e imágenes de Europa, atractivas. Y vemos llegar a europeos de vacaciones: personas despreocupadas con dinero para comer, beber, bailar, gozar, gastar... ¿Cómo no vamos a querer lo mismo?
P Claro... ¿Y llegan muchos turistas?
R A menudo son mujeres europeas con ganas de esbeltos jóvenes africanos...
P ¿Cómo preparó su asalto al paraíso?
R Ahorré de mi trabajo, y un amigo emigrado hacía años a Canadá me envió mil euros. Desde el 2002 lo intenté dos veces, y a la tercera llegué en patera a Lanzarote, en el 2004. Fueron 17.435 kilómetros a través de África durante dieciocho horribles meses.
P ¿Mereció la pena?
R Si llego a saber lo que tuve que padecer en ese viaje, ¡me habría quedado en casa! Pero ahora está aquí... y no se vuelve. He fundado una ONG para ayudar a niños desamparados y a jóvenes de mi país, y para convencerles de que es preferible intentar prosperar allí que jugarse la vida para llegar a una Europa durísima y hostil. ¡Que mi sufrimiento sirva para evitárselo a ellos!
P ¿Qué sufrimientos fueron los peores?
R ¿Sabe lo que es, durante un año, asistir a dos funerales por semana? ¿Dos muertos por semana? Compañeros de viaje iban muriendo por el camino, y los íbamos enterrando. Ahí empecé a entender por qué no sabíamos nada en Gambia de tantos emigrados...
P ¿De qué mueren?
R Sed, hambre, golpes de calor, ahogos y aplastamientos en autocares abarrotados a través del desierto, mordiscos de serpiente, síncopes, enfermedades, peleas a puñaladas en cajas de camiones, accidentes de tráfico, asaltos de bandidos... Se les entierra y fin. No suele hablarse de esto... Sólo un 5% de los que emigran llega a Europa. El resto se ahoga en el mar o se queda en el camino. Algunos, apalancados en lugares perdidos, sin ánimo de volver a su casa...
P ¿Prefieren no volver? ¿Por qué?
R Sus familias se arruinan para darles el dinero necesario para el viaje, dinero con el que en casa podrían vivir durante un año... Por eso volver les avergüenza: después de tantísimo esfuerzo y sueños, volver supone un fracaso insoportable… ¡Antes, la muerte!
P ¿Cuánto dinero llevaba usted?
R Algo más de mil euros en monedas locales, oculta en los talones de los zapatos para evitar hurtos, atracos, sobornos abusivos...
P ¿Qué sobornos?
R A través de Senegal, Mali, Burkina Faso, Níger, Argelia, Marruecos..., los policías te detienen, te piden pasaporte, visas, papeles, te inculpan por cualquier cosa, te detienen... Da igual: siempre acabas regateando con ellos. Pagué para salir de una celda, aunque no me libré de más de una paliza...
P ¿Cuál fue su medio de transporte?
R Autocares, camiones, coches, trenes, mis pies... Y, al final, la patera construida por nosotros mismos en una playa de El Aaiún.
P ¿Qué fue lo peor?
R Bandidos argelinos: asaltaron el camión en que viajábamos, nos desnudaron, nos quitaron el dinero... Una chica se tragó su dinero pero la vieron: la violaron delante de todos, y luego la rajaron con un cuchillo, le abrieron el estómago para recuperar el dinero.
P ¡Qué espanto!
R Durante toda una noche nos metieron en unas cuevas, nos golpearon, violaron a las chicas. De día, afuera, vimos alrededor un área cubierta de huesos humanos... Buf. Vi esqueletos y restos de cadáveres humanos durante todo el camino por Argelia y el Sáhara. ¡Esa parte de África es un cementerio de emigrantes subsaharianos!
P Usted sobrevivió y siguió adelante...
R En un centro de acogida trabajé un tiempo, gané algo de dinero, seguí luego camino con otros amigos, atravesando el desierto... Fueron muriendo deshidratados y me quedé con su dinero: ese era nuestro pacto... No sé cómo soportó tanto dolor... Me juré que si acababa el viaje contaría todo esto en un libro, para que todos lo supieran, ¡y sobre todo en mi país lo supieran!
P Y así lo ha hecho.
R Ese propósito me dio fuerzas. Eso, y que algunas personas buenas en el camino me ayudaron cuando ya me veía muerto...
P Cíteme a alguna de esas personas.
R Los guardias civiles de Lanzarote: después de más de un año de sentirme tratado como un animal, ¡me trataron por primera vez como a una persona!
P ¿Y cómo se siente usted ahora?
R Hoy sé que el paraíso no está aquí, que hay que construirlo allí. Si estoy vivo es porque Alá quiere que ayude al progreso de mi país para que otros no pasen mi mismo infierno

viernes, 23 de octubre de 2009
Sueños
Me refiero a todos aquellos senegaleses, nigerianos, marroquíes, rumanos, pakistaníes, que viven por venir algún día a España. Que tienen la firme creencia de que en España vivirán mejor, porque alguien algún día les dijo que así era, y no se lo cuestionaron. Y en su país se esfuerzan por reunir el dinero necesario para trasladarse al país “donde cumplirán sus sueños”, pagando grandes cantidades de dinero a mandos intermedios que poco pueden asegurar sobre la seguridad del trayecto y, peor aún, de la estancia y condiciones de vida una vez lleguen a su país soñado. Pero todo esto no lo dicen, todo está montado para que estos mafiosos intermedios fomenten que es fructífero arriesgarse a cruzar el atlántico, a recorrer Europa o Asia según de donde vengan o a donde quieran ir. Y uno tras otro vayan cayendo en el intento, o no.
Isla de Sipo
Claro que esto no es válido para todos los países ni para todos los inmigrantes. Habrá países en los que es obvio e inteligente marcharse de allí en busca de una vida mejor aunque no sea vida de reyes -injusta vida- la deparada, porque se parte de tan abajo, que cualquier pequeña mejora es buena (imaginándome por ejemplo a las mujeres que, no todas, claro, se han visto obligadas a llevar burka en contra de su voluntad (ojo, hay muchas otras que es su voluntad llevarlo) y aceptar un matrimonio no deseado de un marido que las maltrata).
Hablo de los casos en los que, siempre visto desde fuera y sin haber sido una de ellas, viven con precariedad pero no sufren de la comparación social ni de la soledad que sí sufren una vez llegan aquí. Hablé con un par de chicos senegaleses y con otros tres marroquíes que habían intentado venir en varias ocasiones con patera a España, y habían tenido que regresar porque no habían conseguido entrar en la isla de Tenerife o en la península (tras 8 horas de navegación precaria y mortífera para los senegaleses). Y aún así, querían seguir intentándolo.
Estos chicos en concreto eran de la isla de Sipo, Senegal, y sí, no tenían coches, ni relojes, ni tiendas a las que ir, pero tenían familia, hijos, amor, apoyo, comprensión. Otras costumbres, otro tipo de vida. Pero algún turista les dijo que era incómodo y rudimentario cómo vivían y desde entonces sueñan con irse a conocer “el nuevo mundo”. El nuevo mundo donde se sentirán solos porque es individualista en contraste a lo en sociedad y en comunidad que están acostumbrados a vivir ellos. Como la madre a un niño, estos hombres necesitan de su familia para sentirse vivos. Ver el documental de Princesa de África para más información, donde se relata el caso de una española que sueña con ir a África y como se desilusiona al encontrarse con lo que se encuentra, y el de una africana que sueña con venir a España y una vez llega… sólo desea regresar a su país para estar con su familia aunque sea en la humildad.
Pero una vez llegado al país soñado, no es fácil volver atrás si no encuentras lo que esperas. Porque toda la familia en parte también se ha ilusionado con que su pariente conseguirá “una vida mejor” (siempre sin definir) y esperan de él. Y el immigrane se obliga a sí mismo a cumplir y no decepcionar a la familia que has dejado.
Cada caso es concreto, siempre, y cada persona guarda un mundo y una historia tras de sí.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Sobre esa religión llamada Budismo
El Budismo parece ser que “está de moda”, pero cabe recordar que es una religión que ya lleva siglos instaurada y practicándose en la mayoría de los países asiáticos. Es algo serio, profundo, y para nada, pasajero.
En Thailandia, Camboya, Birmania… viven la religión como parte de sus vidas, forma parte de ellos y de sus quehaceres cotidianos. Es algo muy profundo que permite enriquecer la vida personal de cada uno de sus practicantes. ¿Pero en qué se basa?
El Budismo enseña a cómo utilizar todas las experiencias de la vida como peldaños hacia La Iluminación, dando métodos que conducen y guían a la felicidad duradera, dejando el ego y el sufrimiento en el olvido:
Si no te cuestionas, si te arrastras, si no sabes quien eres ni adonde vas, probablemente el resultado que recibas sea el mismo que el que te estás dando tú a tu propia vida: insatisfacción, inconcreción.
El Budismo te recuerda que ERES TÚ el dueño de tu propia vida, te recuerda todas las sensaciones que tu cuerpo tiene y que debes ser siempre consciente de ellas. Te enseña a saber escuchar tu cuerpo, a dejarte guiar por él, para adoptar otra forma de vida muy diferente de la que estamos acostumbrados aquí en Occidente.
En el proceso de liberarse, uno primero descubre que el cuerpo, los pensamientos, los sentimientos están en constante cambio y fluyen. Por lo tanto no hay bases para una existencia real de un yo o del ego. Uno deja de sentirse como el blanco de todo, tomándose el sufrimiento en forma personal. Cuando uno piensa "Existe el sufrimiento" en vez de "Yo sufro", uno se vuelve invulnerable y libre. Dejar el ego a un lado es lo que permite la liberación y situar la persona dentro de un mundo lleno de humanos.
Y este es uno de los pilares que más comparto con el budismo que, creyente o no, practicarlo o aprender de él conduce a un crecimiento personal y bienestar interior que te permite entender con más facilidad el porqué de las cosas y su funcionamiento.
viernes, 28 de agosto de 2009
El valor de una persona, en el mundo
El tamaño de un plato determina el valor de una mujer en la tribu Mursi (Etiopía)

Se introducen un plato en el labio inferior y progresivamente con el tiempo van aumentando el tamaño del plato, la obertura del labio se va dando y, así, se considera que van ganando valor.
Un plato determina cuánto vale una mujer.
Y lo hacen.
La necesidad de valoración, innata en todos los humanos, sean de donde sean, toma diferentes formas. Y con la edad y según la persona y/o sociedad en donde estés, evoluciona o sigue latente.
Nacemos sintiendo querer ser valorados por el prójimo, sea este tu madre, tu padre, un hermano, un amigo, un profesor, un jefe... De pequeños les necesitamos.
Luego crecemos, maduramos, y nosotros mismos aprendemos a darnos nuestro propio valor, a verlo, y deja de ser importante para nosotros que nos valoren desde fuera, en pro a valorarnos nosotros por dentro.
Pero qué curioso que esto sea un aspecto común vayas donde vayas, independientemente del idioma, la población o la raza: En Etiopia, en el Valle del Omo, las mujeres de la tribu Mursi se ponen platos en la boca y cuanto más grande se haga la boca, más valor se considera que tienen. Es decir, que ¡el tamaño del plato que le entra en la boca a una mujer determina su valor! ¡Un plato!
Son todo creencias. Tú, como mujer de la tribu Mursi que podrías haber nacido, te crees que cuanto mas grande tengas la obertura del labio, más valor tienes. Y no lo cuestionas a nivel racional o intelectual, simplemente, “es así”. Comúnmente así se ha establecido por la tribu/sociedad y así lo ves. Y entonces, el punto de mira gira entorno a esta creencia que, de origen, puede ser inventada, falsa, no válida para todos o perjudicial para la salud. Y te encuentras siguiendo algo y sufriendo dolor (físico en el caso de la tribu Mursi, emocional en muchos otros casos de países desarrollados) para sentir que tienes más valor como persona cuando, a nivel metafórico, ¡lo que te da valor no es el tamaño de un plato sino tu sola existencia! ¡Tu alma! ¡Tu ser!
En fin, es todo un mundo el de las creencias que habitan este planeta, las que se fomentan, las que desaparecen, y las que se intentan imponer pero no sobreviven. Yo creo que el valor de una persona solo lo puede determinar ella misma, la propia persona, y que es único, INDEPENDIENTE de toda otra persona, animal o material. Y creo que no se puede hacer nada contra el sistema de creencias que nos viene dado, por el que funcionamos sin conocimiento y el que inunda el mundo. Pero también creo que lo mejor es saber que existe, para ser capaces de cuestionarselos y, si se quiere, cambiarlo. Para sí, para tu relación, para tu sociedad. Está en nuestras manos.
A veces, queremos algo, y hacemos lo que sea para conseguirlo, sin cuestionarnos, puede, que la forma y el camino para conseguir eso que queremos (en este caso concreto, el valor o el reconocimiento de tu tribu/social), también importa.
Respeto todas las tradiciones, de hecho, considero que cada localidad ha de mantener su cultura y valores porque éstos los hace únicos, especiales, y igual que ellos pueden aprender de nosotros, nosotros mucho de ellos. Evolucionar no es imponer sino desarrollarse desde los valores del lugar, sin perder el origen. Es cuestión de ir con los ojos y con el corazón abierto que no siempre es fácil.
De lo que sí estoy en contra es de aquellas tradiciones que desvalorizan por lo que sea los valores de una mujer o un hombre, que no consideran a todas las personas por igual, o que atentan a la dignidad y salud de las personas. Es cuestión de evolucionar de manera saludable :)
PD: En la tribu Mursi se considera de gran belleza las deformaciones en los lóbulos de las orejas o en los labios inferiores para "decorarlos" con platos cuanto más grandes mejor. Tal vez ellos consideren una locura someterse a cirujías estéticas o a dietas enfermizas para lo que algunos de Europa consideran "estar bello".
Al final, la belleza es algo subjetivo que sólo tú puedes determinar qué es para ti.