miércoles, 21 de abril de 2010

En un rinconcito de Fez

Cuando abrí la puerta del coche, a unos metros de una de las miles de entradas al grandioso zoco de Fez, me sorprendió ver que bajo mi pie medio calzado, había arena, piedras, y restos de asfalto. “sí, sí, es aquí! El centro de Fez!” decía Moha.

Pobreza

Y magnitud

Al no haber edificios altos, todo parece más ancho, una gran explanada mal asfaltada, si es que algún dia lo llegó a estar, color ocre de la arena medio dorada, nada. Alomejor es una gran plaza, “al estilo de Fez”, pero, en pleno Agosto, con el sol de Marruecos, impacta ver este “centro” tan desolado y abandonado. Cuando para ellos es un sitio de paso.

Dos bares en el mismo lateral, con kebabs con moscas. Chapurrean palabras de español, de los pocos turistas que se han acercado a este bar que poco apetecible para un lujoso es. Por supuesto no hay carta, o kebab de pollo, o de cordero. Y con las manos sucias. Es África.

Un inglés se sienta en la mesa de al lado. Mira su guía Lonely Planet: ¿será aquí? ¿Dónde estoy? Este lugar no aparece en los mapas. Son tantas las callejuelas y los rincones de esta ciudad, que aun no me he encontrado con un mapa al detalle de todos sus lugares. Pero de ahí también la magia de la persona que descubre y forja su propio mapa en la cabeza tras las experiencias que vive.

No pasan turistas por aquí ni muchos autóctonos tampoco, estamos un poco perdidos. Fez no es lo que imaginábamos que era: una ciudad repleta de gente, de mercadeo, de tráfico… Puede que este sea el Fez no turístico del que nunca hablan. Y no es tan malo, sólo hay que aceptarlo y quererlo.

Un joven nos sigue, se espera en una mesa cercana a que acabemos de comer observando nuestro ritmo, y cuando nos levantamos, nos persigue también. Alguna comisión querrá conseguir. Una oportunidad para él. Un atosigo para nosotros. Difícil hacerle entender que no va a conseguir nada. Pobreza. Así que cambiamos de rumbo, respiramos hondo, nos ponemos en marcha a paso rápido, y nos adentramos en la primera puerta que vemos de entrada al zoco, sea la turística, o la más despojada…

Y resultó ser la segunda. Qué experiencia. Todos nos miran, nos acorralan, no podemos ni caminar: “dónde queréis ir?! Soy guía yo os llevo! Qué queréis?!”. Ni por las buenas ni por las malas nos hacen caso. Lo peor que puedes hacer es quedarte pasmado mirándotelos sin saber que hacer, hay que tratarlo todo con normalidad, educación, respeto, y seguir tu rumbo, si no, te hundes, te entra el pánico, y has de actuar antes de que éste entre.

Empezamos a caminar rápido. ¿por dónde? Hay mil calles a cual más enana y ninguna indicación. No vemos ninguna persona no-marroquí para que nos guie un poco. Finalmente, tras callejuelas enanas sin salida, otras apestosas con rincones, pollos vivos, otros en proceso de ser degollados, gallinas, corderos, conejos engaviados, pobreza, y mil historias más, llegamos a una mini plaza donde se puede respirar un poco y entra algo de luz. ¡Aire! ¡Sol! Y vemos a una pareja de españoles, también perdidos, y entre los cuatro, conseguimos saber dónde estamos y valorar hacia dónde queremos ir. Entonces, podemos empezar a marcar el camino, y descubrir las mil maravillas que esconden estas callejuelas.

Las mil maravillas del laberinto de Fez.

As-salaam-alaykum!

jueves, 28 de enero de 2010

Diferentes vías para ayudar a Haití


Consumidores en Acción alerta de posibles fraudes a través de Internet en peticiones de donaciones para ayudar a las víctimas del terremoto ocurrido en Haití.
Se adiverte de que las donaciones deben realizarse directamente a ONGs reconocidas o instituciones gubernamentales que están recaudando fondos y no a través de intermediarios que no sabes de dónde salen.

Asegurate de saber a dónde va el dinero que donas, y que este destino es el que tú quieres.

ALTERNATIVAS PARA CONTRIBUIR AL SALVAMENTO DE HAITI

(Orden: Organización; Teléfono para información; Banco; Nº de cuenta; )

o Solidaridad Internacional (902 152 323)
Santander - 0049 0001 54 2210042242
Caja Madrid - 2038 1001 37 6000888882


o Cáritas (902 339 999)
Santander -0049-1892-64-2110527931
BBVA -0182-2000-21-0201509050
La Caixa - 2100-2208-39-0200227099
Banesto - 0030-1001-38-0007698271
Caja Madrid - 2038-1028-15-6000969697
Banco Popular - 0075-0001-81-0606839307
Sabadell Atlántico - 0081-0216-74-0001306932
C.E.C.A. - 2000-0002-20-9100382307
Bancaja - 2077-1277-10-3100146740
CAM - 2090-5513-04-0040370409

o Save the children (902 013 224)
Santander - 0049 0001 52 2410019194
La Caixa - 2100 1727 12 0200032834
BBVA - 0182-5502-58-0010020207
Caja Madrid - 2038 1004 71 6800009930

o Médicos sin Fronteras (933 046 100)
Santander - 0049 1806 95 2811869099
La Caixa - 2100 3063 99 2200110010
BBVA - 0182 6035 49 0000748708

o Intermón Oxfam (902 330 331)
La Caixa - 2100-0765-81-0200111128
Caixa Catalunya - 2013-0500-16-0213198878
Caja Madrid - 2038-8978-17-6000016604
CAN - 2054-0300-56-9157938948
Santander - 0049-1806-91-2111869471
BBVA - 0182-6035-49-0201502475
Sabadell Atlántico - 0081-7011-11-0001698879
Triodos Bank - 1491-0001-21-0010010201

o UNICEF (91 378 8603)
ING -1465 0100 95 6000000000
BBVA -0182 5906 81 0010033337
Santander -0049 0001 59 2810100005
Banco Español de Crédito -0030 8301 78 0000046271
Banco Popular Español - 0075 0001 87 0606914075
Caja Madrid - 2038 1043 19 6000877505
La Caixa -2100 5731 70 0200005001

o Cruz Roja Española (902 222 292)
BBVA -0182 5906 86 0010022227
La Caixa -2100 0600 85 0201960066
Santander -0049 0001 53 2110022225

o Entreculturas (902 444 844)
Santander -0049 0496 83 2010200200
BBVA - 0182 4000 62 0208002127
Banco Popular -0075 0927 29 0600155000
Banesto -0030 1306 76 0002591271
Barclays Bank -0065 0100 18 0001541615
La Caixa -2100 4770 11 0200104459
Caja Madrid -2038 0603 28 6006374747
Ibercaja -2085 9981 34 0330155450

domingo, 24 de enero de 2010

Gran artículo de Arturo Pérez Reverte

"Hace treinta y dos años desaparecí en la frontera entre Sudán y Etiopía. En realidad fueron mi redactor jefe, Paco Cercadillo, y mis compañeros del diario 'Pueblo' los que me dieron como tal; pues yo sabía perfectamente dónde estaba: con la guerrilla eritrea. Alguien contó que había habido un combate sangriento en Tessenei y que me habían picado el billete. Así que encargaron a Vicente Talón, entonces corresponsal en El Cairo, que fuese a buscar mi fiambre y a escribir la necrológica. No hizo falta, porque aparecí en Jartum, hecho cisco pero con seis rollos fotográficos en la mochila; y el redactor jefe, tras darme la bronca, publicó una de esas fotos en primera: dos guerrilleros posando como cazadores, un pie sobre la cabeza del etíope al que acababan de cargarse. Lo interesante de aquello no es el episodio, sino cómo transcurrió mi búsqueda. La naturalidad profesional con que mis compañeros encararon el asunto.

Conservo los télex cruzados entre Madrid y El Cairo, y en todos se asume mi desaparición como algo normal: un percance propio del oficio de reportero y del lugar peligroso donde me tocaba currar. En las tres semanas que fui presunto cadáver, nadie se echó las manos a la cabeza, ni fue a dar la brasa al Ministerio de Asuntos Exteriores, ni salió en la tele reclamando la intervención del Gobierno, ni pidió que fuera la Legión a rescatar mis cachos. Ni compañeros, ni parientes. Ni siquiera se publicó la noticia. Mi situación, la que fuese, era propia del oficio y de la vida. Asunto de mi periódico y mío. Nadie me había obligado a ir allí.

Mucho ha cambiado el paisaje. Ahora, cuando a un reportero, turista o voluntario de algo se le hunde la canoa, lo secuestran, le arreglan los papeles o se lo zampan los cocodrilos, enseguida salen la familia, los amigos y los colegas en el telediario, asegurando que Fulano o Mengana no iban a eso y pidiendo que intervengan las autoridades de aquí y de allá �de sirios y troyanos, oí decir el otro día�. Eso tiene su puntito, la verdad. Nadie viaja a sitios raros para que lo hagan filetes o lo pongan cara a la Meca, pero allí es más fácil que salga tu número. Ahora y siempre. Si vas, sabes a dónde vas. Salvo que seas idiota. Pero en los últimos tiempos se olvida esa regla básica. Hemos adquirido un hábito peligroso: creer que el mundo es lo que dicen los folletos de viajes; que uno puede moverse seguro por él, que tiene derecho a ello, y que Gobiernos e instituciones deben garantizárselo, o resolver la peripecia cuando el coronel Tapioca se rompe los cuernos. Que suele ocurrir.

Esa irreal percepción del viaje, las emociones y la aventura, alcanza extremos ridículos. Si un turista se ahoga en el golfo de Tonkín porque el junco que alquiló por cinco dólares tenía carcoma, a la familia le falta tiempo para pedir responsabilidades a las autoridades de allí �imagínense cómo se agobian éstas� y exigir, de paso, que el Gobierno español mande una fragata de la Armada a rescatar el cadáver. Todo eso, claro, mientras en el mismo sitio se hunde, cada quince días, un ferry con mil quinientos chinos a bordo. Que busquen a mi Paco en la Amazonia, dicen los deudos. O que nos indemnicen los watusi. Lo mismo pasa con voluntarios, cooperantes y turistas solidarios o sin solidarizar, que a menudo circulan alegremente, pisando todos los charcos, por lugares donde la gente se frota los derechos humanos en la punta del cimbel y una vida vale menos que un paquete de Marlboro. Donde llamas presunto asesino a alguien y tapas la cara de un menor en una foto, y la gente que mata adúlteras a pedradas o frecuenta a prostitutas de doce años se rula de risa. Donde quien maneja el machete no es el indígena simpático que sale en el National Geographic, ni el pobrecillo de la patera, ni te reciben con bonitas danzas tribales. Donde lo que hay es hambre, fusiles AK-47 oxidados pero que disparan, y televisión por satélite que cría una enorme mala leche al mostrar el escaparate inalcanzable del estúpido Occidente. Atizando el rencor, justificadísimo, de quienes antes eran más ingenuos y ahora tienen la certeza desesperada de saberse lejos de todo esto.

Y claro. Cuando el pavo de la cámara de vídeo y la sonrisa bobalicona se deja caer por allí, a veces lo destripan, lo secuestran o le rompen el ojete. Lo normal de toda la vida, pero ahora con teléfono móvil e Internet. Y aquí la gente, indignada, dice qué falta de consideración y qué salvajes. Encima que mi Vanessa iba a ayudar, a conocer su cultura y a dejar divisas. Y sin comprender nada, invocando allí nuestro código occidental de absurdos derechos a la propiedad privada, la libertad y la vida, exigimos responsabilidades a Bin Laden y gestiones diplomáticas a Moratinos. Olvidando que el mundo es un lugar peligroso, lleno de hijos de puta casuales o deliberados. Donde, además, las guerras matan, los aviones se caen, los barcos se hunden, los volcanes revientan, los leones comen carne, y cada Titanic, por barato e insumergible que lo venda la agencia de viajes, tiene su iceberg particular esperando en la proa."

Arturo Pérez Reverte

sábado, 23 de enero de 2010

Afganistán, una cárcel




Hay lugares en el mundo en que las mujeres son un intercambio, una mercancía, dinero... estorbo, algo sin valor. En algunas tribus se las intercambia como regalo de boda a la familia del nuevo integrante, y en otras... viven en una cárcel, sin derechos, sin posibilidades, ni presente ni futuro.

En Afganistán* la mujer es una amenaza. ¿Puede que en su origen genere miedo? ¿y ante ese miedo desconocido (en lugar de sacarle todo el potencial que podrían tener y desarrollar) la opción elegida por la mayoría de los afganos es la de repudiar a la mujer, despreciarla, limitarla, apartarla? Es un callejón muy complicado y sin salida. Para una mujer nacida en el seno de esa sociedad, un camino... altamente destructivo, por nacer mujer, sin elegirlo. Pudiera haber nacido hombre. Pero no. Y eso, el hombre a favor de este tipo de comportamiento, no se lo plantea. Él manda, y tiene todo el derecho. Se cree por encima de ella y de muchas otras cosas.



Imaginemos ahora que no existe el burka en esta sociedad. Que partimos de esta nueva situación. Pero que por sistema y ley, de repente, se impone, en las mismas denigrantes e injustas condiciones en las que se obliga en la actualidad. ¿Qué consecuencias tiene más allá del dolor segundo a segundo que sufre la mujer que lo lleva? Porque aunque el dolor y sufrimiento que genera es inmenso, generando auto suicidios y otras situaciones que desconozco pero muy duras, el problema ya no es lo que sufre la mujer, sino las consecuencias que tiene para la sociedad que no exista el papel de la mujer, y en especial, el de madre: Cuando un niño nace (bajo burka), y crece a los brazos de su madre, éste no recibe miradas (las rejas del burka son un tupido velo que no permite que los ojos sean vistos ni a la portadora ver con claridad), no recibe comprensión (por ende, no hay miradas cómplices), no recibe contacto de piel (la tela del burka siempre les separa), no puede recibir amor, aunque lo haya, porque no puede verlo ni sentirlo…Y el padre suele tener otras tareas siempre más importantes que realizar. Y entonces, el niño crece solo, sin ese amor de madre, sin sentirse apoyado, guiado, querido… y si esto luego no es bien direccionado, crece un ser humano con posibilidades que luego imponga a su(s) mujer(es) el uso del burka y la pegue y maltrate cuando tenga el capricho de hacerlo, y la viole cuando, también, le apetezca. Triste sociedad.

Una sociedad no puede funcionar sin sus motores que son los humanos, y si los humanos somos mujeres y hombres, los dos son igual de trascendentales para el desarrollo de la sociedad. Un equilibrio, cada uno aportará sus cosas, diferentes, pero enriquecedoras, constructivas, y necesarias. No puedes destruir a una mitad, la mujer, y pretender que todo siga adelante sin ella(s). Es imposible. Tu hijo, o tú, ya estará creciendo con una gran laguna.

Algunos datos: Un burka pesa unos 7kg sobre la cabeza. Limita la visión periférica con lo que sólo hay visión a 1metro vista. Su longitud impide un paso firme y seguro, garantizando tropiezos y la dependencia de un segundo (que no lleve burka, es decir, un hombre) para poder caminar. En Afganistán no tienen derecho a asistencia médica o a salir de casa sin el acompañamiento de un hombre.

La mujer, básicamente, no existe.

¿Cómo desmantelar todo este sistema de creencias? ¿Cómo conseguir que toda una generación nueva de niños sienta el calor familiar y el amor de madre y de padre, para generar nuevas posibilidades en los que van creciendo, si la generación existente es así?

Creo que un ser humano, en su esencia, sea su sexo femenino o masculino, es una persona con un gran potencial, capaz de mover mar y tierra por algo que ame, de conciliar familia y negocio, de aprender, de crecer, de educar, de autogestionarse, de salirse de las situaciones difíciles, de amar... y expandir ese amor contagiándolo a los demás. Puede elegir mirar con los ojos abiertos, no conocer (o no elegir) el camino del ego y despotismo, en pro a una actitud abierta que confía en su esencia y aprende de los demás, sin arrebatar.

Ojalá cada vez se arrebaten menos almas, menso esencias, y más personas descubran su potencial para sacarle provecho en un mundo mejor. Y que las que hayamos tenido la suerte de nacer en sociedades en que la mujer es libre y puede votar y elegir, que con nuestra actitud, ejemplo y lucha, podamos poner nuestro granito de arena.


Gandhi decía “Sé tu el cambio que quieras ver en el mundo”.

:)

*No en todas las regiones la situación es similar. Varía mucho en función del desarrollo de la aldea, la economía y política de la región, y la ley que predomine en cada área. En algunas áreas el burka no es obligatorio, pero la situación sigue siendo delicada

martes, 12 de enero de 2010

Un cuento

"La Cenicienta que no quería comer perdices", por Myriam Cameros y Nunila López.





"Dedicado a todas las mujeres valientes que quieren cambiar su vida" y sufren de maltrato psicológico, físico, o ambos, "y a todas aquellas que ya la perdieron y nos iluminan desde el cielo."


Para decir BASTA a todo lo que no quieres. Para reconocerte o reconocer.

Merece la pena leerlo, no son ni 10 minutos, y te da una visión de la realidad no de cuento, con humor, y usando ilustraciones expresivas que hablan por sí solas. ¿Como tu?


:)

Aquí la entrevista a sus autoras: http://www.lavanguardia.es/premium/publica/publica?COMPID=53867106097&ID_PAGINA=200806163&ID_FORMATO=9&PAGINACIO=1&SUBORDRE=3&TEXT=

Por una buena mirada

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Més sobre emigració


En línea con el anterior post, transcribo tal cual la entrevista que Victor M. Amela realiza a Kalilu Jammeh para "La Contra" de La Vanguardia del 18/11/09.



Ojalá sirva para que cada vez la emigración sea menor en pro a la prosperidad de sus países de origen:




"Si llego a saber lo que iba a pasar, no hubiese emigrado"



Kalilu Jammeh, emigrante gambiano dedicado a combatir la emigración



VÍCTOR-M. AMELA - 18/11/2009



Tengo 36 años. Nací en una aldea de Gambia y vivo en Sant Pere de Ribes. Estoy casado con una catalana. No tengo hijos. ¿Política? Democracia y desarrollo. Soy musulmán. Presido una ONG que educa a niños gambianos desamparados y promociona la agricultura


P ¿Qué hacía usted en Gambia?


R Era recepcionista en un hotel de Kiloli, ciudad costera con mucho movimiento.


P ¿Y por qué emigró?


R Porque quería prosperar, mejorar, quería una vida mejor.


P ¿Dónde pensaba encontrarla?


R En Europa. Lo primero era llegar a España.


P ¿Emigra mucha gente en su país?


R Desde niño he tenido amigos sin padre: hombres que habían emigrado..., y nada se había vuelto a saber de ellos.


P ¿Nada?


R Nada. Daba igual: mi sueño era desembarcar en el paraíso. Europa era el paraíso soñado: para los africanos, Europa es Eldorado.


P ¿Qué les hace creer tal cosa?


R La televisión y los turistas. La televisión vía satélite nos trae series e imágenes de Europa, atractivas. Y vemos llegar a europeos de vacaciones: personas despreocupadas con dinero para comer, beber, bailar, gozar, gastar... ¿Cómo no vamos a querer lo mismo?


P Claro... ¿Y llegan muchos turistas?


R A menudo son mujeres europeas con ganas de esbeltos jóvenes africanos...


P ¿Cómo preparó su asalto al paraíso?


R Ahorré de mi trabajo, y un amigo emigrado hacía años a Canadá me envió mil euros. Desde el 2002 lo intenté dos veces, y a la tercera llegué en patera a Lanzarote, en el 2004. Fueron 17.435 kilómetros a través de África durante dieciocho horribles meses.


P ¿Mereció la pena?


R Si llego a saber lo que tuve que padecer en ese viaje, ¡me habría quedado en casa! Pero ahora está aquí... y no se vuelve. He fundado una ONG para ayudar a niños desamparados y a jóvenes de mi país, y para convencerles de que es preferible intentar prosperar allí que jugarse la vida para llegar a una Europa durísima y hostil. ¡Que mi sufrimiento sirva para evitárselo a ellos!


P ¿Qué sufrimientos fueron los peores?


R ¿Sabe lo que es, durante un año, asistir a dos funerales por semana? ¿Dos muertos por semana? Compañeros de viaje iban muriendo por el camino, y los íbamos enterrando. Ahí empecé a entender por qué no sabíamos nada en Gambia de tantos emigrados...


P ¿De qué mueren?


R Sed, hambre, golpes de calor, ahogos y aplastamientos en autocares abarrotados a través del desierto, mordiscos de serpiente, síncopes, enfermedades, peleas a puñaladas en cajas de camiones, accidentes de tráfico, asaltos de bandidos... Se les entierra y fin. No suele hablarse de esto... Sólo un 5% de los que emigran llega a Europa. El resto se ahoga en el mar o se queda en el camino. Algunos, apalancados en lugares perdidos, sin ánimo de volver a su casa...


P ¿Prefieren no volver? ¿Por qué?


R Sus familias se arruinan para darles el dinero necesario para el viaje, dinero con el que en casa podrían vivir durante un año... Por eso volver les avergüenza: después de tantísimo esfuerzo y sueños, volver supone un fracaso insoportable… ¡Antes, la muerte!


P ¿Cuánto dinero llevaba usted?


R Algo más de mil euros en monedas locales, oculta en los talones de los zapatos para evitar hurtos, atracos, sobornos abusivos...


P ¿Qué sobornos?


R A través de Senegal, Mali, Burkina Faso, Níger, Argelia, Marruecos..., los policías te detienen, te piden pasaporte, visas, papeles, te inculpan por cualquier cosa, te detienen... Da igual: siempre acabas regateando con ellos. Pagué para salir de una celda, aunque no me libré de más de una paliza...


P ¿Cuál fue su medio de transporte?


R Autocares, camiones, coches, trenes, mis pies... Y, al final, la patera construida por nosotros mismos en una playa de El Aaiún.


P ¿Qué fue lo peor?


R Bandidos argelinos: asaltaron el camión en que viajábamos, nos desnudaron, nos quitaron el dinero... Una chica se tragó su dinero pero la vieron: la violaron delante de todos, y luego la rajaron con un cuchillo, le abrieron el estómago para recuperar el dinero.


P ¡Qué espanto!


R Durante toda una noche nos metieron en unas cuevas, nos golpearon, violaron a las chicas. De día, afuera, vimos alrededor un área cubierta de huesos humanos... Buf. Vi esqueletos y restos de cadáveres humanos durante todo el camino por Argelia y el Sáhara. ¡Esa parte de África es un cementerio de emigrantes subsaharianos!


P Usted sobrevivió y siguió adelante...


R En un centro de acogida trabajé un tiempo, gané algo de dinero, seguí luego camino con otros amigos, atravesando el desierto... Fueron muriendo deshidratados y me quedé con su dinero: ese era nuestro pacto... No sé cómo soportó tanto dolor... Me juré que si acababa el viaje contaría todo esto en un libro, para que todos lo supieran, ¡y sobre todo en mi país lo supieran!


P Y así lo ha hecho.


R Ese propósito me dio fuerzas. Eso, y que algunas personas buenas en el camino me ayudaron cuando ya me veía muerto...


P Cíteme a alguna de esas personas.


R Los guardias civiles de Lanzarote: después de más de un año de sentirme tratado como un animal, ¡me trataron por primera vez como a una persona!


P ¿Y cómo se siente usted ahora?


R Hoy sé que el paraíso no está aquí, que hay que construirlo allí. Si estoy vivo es porque Alá quiere que ayude al progreso de mi país para que otros no pasen mi mismo infierno



Éste es solo un caso. Finalmente Kalilu Jammeh ya ha publicado su libro: "El viaje de Kalilu", en el que relata al completo su travesía hacia Europa (ed. Plataforma).


viernes, 23 de octubre de 2009

Sueños

Ilusión, desilusión

Cuantas veces el sueño más deseado, dibujado mil veces en imaginación, se convierte en humo, en aire, en decepción.
Me refiero no a los sueños que podíamos tener de pequeños y que luego de mayores cobran vida de una u otra forma, sino a lo que de forma magnificada transmiten la mayoría de los medios de comunicación y/o ciertas voces de lo que puedes llegar a hacer si haces determinada cosa, pero luego, llega el desengaño.

Me refiero a todos aquellos senegaleses, nigerianos, marroquíes, rumanos, pakistaníes, que viven por venir algún día a España. Que tienen la firme creencia de que en España vivirán mejor, porque alguien algún día les dijo que así era, y no se lo cuestionaron. Y en su país se esfuerzan por reunir el dinero necesario para trasladarse al país “donde cumplirán sus sueños”, pagando grandes cantidades de dinero a mandos intermedios que poco pueden asegurar sobre la seguridad del trayecto y, peor aún, de la estancia y condiciones de vida una vez lleguen a su país soñado. Pero todo esto no lo dicen, todo está montado para que estos mafiosos intermedios fomenten que es fructífero arriesgarse a cruzar el atlántico, a recorrer Europa o Asia según de donde vengan o a donde quieran ir. Y uno tras otro vayan cayendo en el intento, o no.



Isla de Sipo

Isla de Gorée

Claro que esto no es válido para todos los países ni para todos los inmigrantes. Habrá países en los que es obvio e inteligente marcharse de allí en busca de una vida mejor aunque no sea vida de reyes -injusta vida- la deparada, porque se parte de tan abajo, que cualquier pequeña mejora es buena (imaginándome por ejemplo a las mujeres que, no todas, claro, se han visto obligadas a llevar burka en contra de su voluntad (ojo, hay muchas otras que es su voluntad llevarlo) y aceptar un matrimonio no deseado de un marido que las maltrata).

Hablo de los casos en los que, siempre visto desde fuera y sin haber sido una de ellas, viven con precariedad pero no sufren de la comparación social ni de la soledad que sí sufren una vez llegan aquí. Hablé con un par de chicos senegaleses y con otros tres marroquíes que habían intentado venir en varias ocasiones con patera a España, y habían tenido que regresar porque no habían conseguido entrar en la isla de Tenerife o en la península (tras 8 horas de navegación precaria y mortífera para los senegaleses). Y aún así, querían seguir intentándolo.


Estos chicos en concreto eran de la isla de Sipo, Senegal, y sí, no tenían coches, ni relojes, ni tiendas a las que ir, pero tenían familia, hijos, amor, apoyo, comprensión. Otras costumbres, otro tipo de vida. Pero algún turista les dijo que era incómodo y rudimentario cómo vivían y desde entonces sueñan con irse a conocer “el nuevo mundo”. El nuevo mundo donde se sentirán solos porque es individualista en contraste a lo en sociedad y en comunidad que están acostumbrados a vivir ellos. Como la madre a un niño, estos hombres necesitan de su familia para sentirse vivos. Ver el documental de Princesa de África para más información, donde se relata el caso de una española que sueña con ir a África y como se desilusiona al encontrarse con lo que se encuentra, y el de una africana que sueña con venir a España y una vez llega… sólo desea regresar a su país para estar con su familia aunque sea en la humildad.


Parte de una familia de Diendefelo

Pero una vez llegado al país soñado, no es fácil volver atrás si no encuentras lo que esperas. Porque toda la familia en parte también se ha ilusionado con que su pariente conseguirá “una vida mejor” (siempre sin definir) y esperan de él. Y el immigrane se obliga a sí mismo a cumplir y no decepcionar a la familia que has dejado.

Y en estos casos, sentir que has fallado a tu familia es duro.

Cada caso es concreto, siempre, y cada persona guarda un mundo y una historia tras de sí.
Charlando con ellos sobre el tema
Lo perfecto no existe, ni aquí ni allí. Y ojalá todos pudieran (o pudiéramos ayudar a) no centrar los deseos futuros en algo ajeno y desconocido, marchándose fuera sin aportar a su país lo que aportan al nuestro para que de granito en granito sea su país el que evolucione en economía con su propia mano de obra y hagan de su país su lugar de estancia como sí siempre han soñado. Dejando de vivir por y para algo imaginado e indefinido, para vivir EN lo real, y construir su futuro desde ellos, desde sus raíces, y a su manera. Porque quienes mejores que ellos para mejorar la economía de su propio país.



Todas las fotos son propias.

Para saber más: Princesa de África (Documental de Sonia Sampayo); Las fronteras se cruzan de noche (Libro de Xaquín Lopez); 14km (Película Documental de Gerardo Olivares); Charlas y discusiones en Casa Asia (sede Barcelona)